La especulación es enriquecimiento ilícito según el Código Penal

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Por Altagracia Paulino 


Cuando la solidaridad es más necesaria aparece la voraz especulación

Parece insólito, pero cuando más se necesita de la solidaridad aparece la voracidad como expresión de un mercado insaciable, que no repara en el momento crucial por el que atraviesa la humanidad como consecuencia de un evento fortuito e inesperado, que ha provocado más de dos millones de muertos en todo el mundo.

Las informaciones registradas relacionadas al comportamiento del mercado frente al fenómeno del covid 19 validan la expresión de la deshumanización de la sociedad que nos ha tocado vivir: falsificación, acaparamiento y especulación. Esos términos estaban vinculados a productos falsos denunciados, que hacían daño a las marcas originales y en el caso de los medicamentos a la salud.

Hoy se habla de vacunas falsificadas cuando apenas las producidas no son todavía suficientes para cubrir la demanda de la población mundial, que los países ricos han impedido que las mismas lleguen a los países más pequeños, y ni que hablar de los carenciados.

Por suerte, las vacunas para controlar la pandemia las han desarrollado varias farmacéuticas de grandes países, y hoy existen siete fabricantes que permitirán en los próximos meses elegir cuál de ellas será la más conveniente. De la misma manera contribuirán a sacar del mercado, si en verdad las hay, las falsificadas; y de eso deben ocuparse las autoridades gubernamentales de cada país al establecer sus normas y custodias.

Hasta el momento las vacunas son gratuitas, los gobiernos han asumido la responsabilidad de vacunar a todos sus ciudadanos, priorizando a los de más urgencias como el personal de la salud y adultos mayores, que fueron en los inicios las primeras víctimas del coronavirus.

Este preámbulo lo consideramos necesario porque hace un año, cuando iniciamos los confinamientos, todos confiamos en los cambios de comportamiento de los seres humanos, señalando la solidaridad como la panacea para un renacer después de la pandemia.

Nos veíamos más unidos, más solidarios, en fin, la soledad era el aliciente para la renovación y volvernos humanos diferentes.

En un panel sobre el tema, la académica Adela Cortina de la Universidad de Valencia, dijo: “Me temo que esas muestras de solidaridad suelen ser muy emocionales y fugaces, no cristalizan de cara al futuro” y, así ha sido.

No han valido las exhortaciones de los humanistas, no han sido suficientes los más de 112 millones de infectados ni los más de dos millones de muertes, y contando todavía, para que otra pandemia nos ataque de manera frontal como es el alza de los precios de los alimentos, algunos por razones justificadas y otros por la mera especulación.

La noche del martes quedó demostrada la ola especulativa en el programa de Mariasela Álvarez, donde participamos con los dirigentes de las asociaciones de comerciantes y el director de INESPRE. La gente se desbordó para denunciar las alzas de los precios de los alimentos básicos.

El arroz, que según la comisión arrocera tiene el precio fijo de 27 pesos, no es real, en general el precio del cereal oscila entre 30 y 40 pesos, el arroz que consumen los dominicanos, limpio y sin puntillas, el otro nadie lo compra, ni siquiera los más pobres.

Lo que antes fue la fuente de proteína más barata, como el pollo y los huevos, su precio se ha elevado tanto, que ya no es proteína barata.

Para una familia promedio comer pollo implica disponer de 240 pesos, cuando con ese mismo dinero puede adquirir carne de cerdo o de res molida, que le rinde mucho más y le proporciona una mejor proteína y, comprar productos de temporada que siempre resultan económicos.

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